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La participación
igual de mujeres y hombres en el gobierno, la economía,
la cultura y la sociedad refleja el nivel democrático de
la sociedad en cuestión. Una verdadera democracia no puede
excluir, y no excluye, a las mujeres. Esto es cierto para comunidades,
naciones e instituciones internacionales.
Para la Internacional
Socialista de Mujeres, sin embargo, el objetivo no consiste sencillamente
en elegir a más mujeres para las posiciones de poder en
los parlamentos del mundo. También deben cambiarse las
estructures sociales, económicas y políticas que
impiden el ejercicio verdadero de los derechos de la mujer en
una sociedad democrática. Tenemos que entender las ramificaciones
de género de la política al objeto de establecer
políticas y programas que amplíen la igualdad y
potenciación femeninas.
Así, desde el
punto de vista de las mujeres socialistas, socialdemócratas
y laboralistas, hay varios aspectos de la política de género
que deben plantearse para que las mujeres puedan alcanzar la igualdad.
Hay que adoptar medidas para asegurar la representación
de las mujeres en todos los niveles de las estructuras del gobierno
y los partidos políticos. Deben tomarse acciones afirmativas
para promover a la mujer dentro de estas instituciones, por ejemplo:
Preparando listas
de candidatos con mayor equilibrio entre hombres y mujeres en
toda clase de elecciones;
Asegurando una
representación equilibrada entre los sexos en las estructuras
de los partidos políticos;
Promoviendo
a mujeres para cargos directivos, tales como puestos ministeriales
y posiciones ejecutivas en las instituciones internacionales;
Examinando cuidadosamente
los medios informativos para asegurar que se planteen los temas
de la mujer en el debate público y que mujeres con cargos
públicos estén adecuadamente representadas.
La promoción
de la mujer en sí no reforzará necesariamente la
posición de la mujer en la sociedad. Hay que apoyar fuertemente
a mujeres que se comprometan a reforzar la posición de
la mujer en la sociedad. Las mujeres elegidas para cargos públicos
deben poner en obra su compromiso planteando las barreras sociales,
económicas y culturales que afrontan la mayoría
de las mujeres.
Una importante estrategia
para conseguir poder para las mujeres es la remodelación
de políticas y programas para asegurar un planteamiento
positivo de la situación de la mujer. Debemos apoyar programas
que impliquen invertir en la gente, y particularmente en las mujeres.
Tales programas afrontarán aquellas áreas en que
las diferencias y desigualdades de género suponen una carga
adicional para las mujeres. Los programas también deben
ser evaluados a fin de asegurar que no discriminen, ni explícita
ni implícitamente, a las mujeres.
El asegurar la igualdad
y potenciación de las mujeres, pues, requerirá nada
menos que la reestructuración de nuestras sociedades, economías
y gobiernos. La igualdad de representación de mujeres y
hombres en los procesos de toma de decisión en la política
y la economía, además de ser un tema de derechos
humanos y democracia, contribuye al buen gobierno y asegura un
desarrollo más justo y productivo de las sociedades.
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